jueves, 24 de julio de 2008

Algunos hombres grasas

A diferencia de lo que dice la canción del Gran Andrés: “Algunos hombres buenos…”, éstos son “algunos hombres grasas…”
Podríamos meterlos a todos en una coctelera y batir un poco, a ver cual es el resultado. Probablemente lo que resulte a muchas mujeres no nos sorprenda en lo más mínimo: otro grasa!
La que voy a contar ahora es lo que le pasó a una amiga de una amiga. Cuando me enteré lo único que pude decir fue: qué grasa!
Alejandra, la chica en cuestión, es psicóloga y conoció a Federico en un cumpleaños. Según relató ella parece ser que él se destacaba entre los demás por su soltura para relacionarse con la gente que no conocía, y eso le atrajo. Le pareció divertido y por eso esa noche intercambiaron teléfonos. A los dos o tres días él la invitó a cenar. Sugirió un conocido restaurante de la zona de Palermo y a ella le pareció una buena idea.
El tenía auto, pero como vivía cerca del restó le dijo que fuera sola y que se encontrarían allí. A ella le pareció una grasada, lo que no sabía es que eso era apenas el comienzo…
Durante toda la cena el pibe le habló de su ex novia. De la pena que le causaba haberla perdido, de los errores que había cometido, de lo arrepentido que estaba…Alejandra empezó a sentirse incómoda y lo hizo notar. Entonces él se hizo el gracioso y deslizó: “Qué bien que me está haciendo esta sesión de terapia y encima es gratis!” Alejandra, indignada, le dio a entender que la cita había llegado a su fin y con un gesto de fastidio, que intentó esconder, le dijo que pida la cuenta. Después de unos 15 minutos, que parecieron ser eternos, el camarero llegó con la adición y se la dio a él (como corresponde). Y lo peor sucedió cuando Federico empezó a mirar la cuenta y a hacer cuentas. Le dijo: “A ver, la entrada la dividimos por dos y después, vos comiste un lomo al champignon, tiramisú y un café…lo tuyo son $52, 30”…El príncipe de los grasas, pensó ella.
Cuando salieron él intentó acercarse para besarla y ella, obviamente, le corrió la cara. Entonces él se ofendió y le preguntó para qué había aceptado la invitación si no quería nada. Ella, sin poder controlarse, le dijo: “Invitación??? De qué invitación estás hablando? Sos un grasaaaaaaaaaaaaaaa!, le gritó y se fue.

Anita Anota

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